lunes, julio 05, 2010

La Amistad entre Mujeres

Para este Post no me quise extender más allá de lo que siempre se ha dicho. Muchos kilómetros de palabras se ha escrito acerca de este sentimiento "tan especial" que se edifica entre nosotras. Y no queriendo redundar en palabras golosas y melodramáticas  quiero compartirles un bellísimo poema que envolvió las fibras de mi ser y me reconcilió gratamente con mi femeneidad. Esa misma que a veces maltratamos inconcientemente por no saberla apreciar y mimar en su justa medida . 

La Verdadera Amistad entre mujeres es un nexo lleno de magia y misterio; que se establece sin prejuicios, sin temporalidad ni condicionalidad.  Cuando se aloja ese sentimiento en nuestro Ser, nos amamos a pesar de las distancias, de las crisis, de cualquier diferencia de criterios, de las razas, de las edades, de condiciones sociales, de los tiempos. Definitivamente, somos "Diosas de Amor".  Es posible que por ello, muchos de nuestros chicos nos cataloguen de "Brujas", que lejos de ofenderme me sienta estupendamente cuando lo escucho... es que lo Somos!!
  
Disfrútenla... 
Cuando las cabezas de las Mujeres se juntan alrededor "del fuego"
Autora:
Simone Seija Paseyro
 Uruguaya – 45 años


 
Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos.
Que las encontramos en el camino de la vida,
nos reconocemos
y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan.
Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces,
tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
 Valientes, reidoras y con labia.

Capaces de pasar horas enteras  escuchando, muriéndose de risa, consolando.
Arquitectas de sueños,  hacedoras de planes,
ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de  cuna.
 Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, 
nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas,
que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan,
crean, unen, desunen, entierran, dan vida, 
rezongan, se conduelen.

 Ese fuego puede ser la mesa de un bar,
las idas para afuera en vacaciones,
el patio de un colegio,
el galpón donde jugábamos en la infancia, 
el living de una casa,
el corredor de una facultad,
un mate en el parque,
la señal de alarma de que alguna nos necesita
o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes
después de un baile, o para preparar un exámen, 
o para cerrar una noche de cine.
Las de “veníte el sábado”
porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música,
y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. 
Las de adultas..

A veces... para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos,
y entonces nos  desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras,
para recordarle que  siempre hay un mañana.
A veces para compartir, departir, construir,
sin  excusas, sólo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía.
Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…
y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, 
nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos.
Parimos hijos. Enterramos  muertos.
Amamos. Fuimos y somos amadas.
Dejamos y nos dejaron.
Nos  enojamos para toda la vida,
para descubrir que toda la vida es mucho y no valía  la pena.
Cuidamos y, en el mejor de los casos, nos dejamos cuidar.
 Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos.
O no!!!

 Creímos morirnos muchas veces,
y encontramos en algún lugar la  fuerza de seguir.
Bailamos con un hombre,
pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
 Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo,
noches  de luz y de sombras.
Noches de miles de estrellas
y noches desangeladas.
 Hicimos el amor,
y cuando correspondió, también la guerra.

Nos entregamos.
Nos protegimos.
Fuimos heridas
e inevitablemente, herimos.
 Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides,
pero todas mantuvimos intacta la mirada.
La que nos define,
la que nos hace saber que ahí estamos,
que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
 Porque juntas construimos nuestros propios cimientos,
en tiempos  donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
 Somos más sabias, más hermosas,
más completas, más plenas,
más  dulces, más risueñas
y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
 Y en aquel tiempo también lo éramos,
sólo que no lo sabíamos.

Hoy  somos todas espejos de las unas,
y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
 Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan
alrededor “del  fuego” que deciden avivar con su presencia,
hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía.

Como siempre.

Como nunca.

Como toda la vida.

3 comentarios:

Beth Ojeda dijo...

¡Mujeres!

Me ha encantado la danza con nuestros hijos....

Me quedo con lo de enfadarnos para siempre, ... ¿quién no? Y luego siempre es para siempre...

A la autora, gracias por compartir con tanto estilo, sentimiento y verdad este blog.

@BethOjeda

Beth Ojeda dijo...

¡Mujeres!

Me ha encantado la danza con nuestros hijos....

Me quedo con lo de enfadarnos para siempre, ... ¿quién no? Y luego siempre es para siempre...

A la autora, gracias por compartir con tanto estilo, sentimiento y verdad este blog.

@BethOjeda

Mercedes dijo...

Ummm que bonito comentario Beth!
Gracias linda!