miércoles, junio 23, 2010

El Control

El control, supongo que para muchos es una buena elección de forma de vida. Pero querer controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, dejando que nuestro bienestar se vaya mermando, es muy probable que forme parte de nuestros "Miedos Personales"

Tenemos que reconocer que "Los Miedos" son algo inherente a la condición humana; y son necesarios muchas  veces para proteger nuestra seguridad física, pero en otros casos pueden también convertirse en una escarpada montaña por la que obligatoriamente hay que subir si queremos seguir avanzando en la Vida.

Considero que Vivir es todo un Arte. Y el Arte de Vivir no es precísamente "no tener miedos" sino aprender a reconocerlos.
Porque en la medida que reconozco mis miedos puedo desarrollarme, sea para solucionarlos o sea para adaptarme a las diversas situaciones que la vida me vaya presentando. Porque si estoy limitada por mis miedos nunca tendré espontaneidad ni naturalidad; no podré ser relativamente "buena" en lo que sea; no podré avanzar, no podré expresarme, no podré exigir mis derechos... En fín, nos paralizan tanto que nos impiden ser todo lo feliz que desearíamos ser.

"Mientras hacemos todo lo posible para no dejar entrar el sufrimiento por la puerta, puede que la felicidad se nos esté escapando por la ventana"

Esta auto-reflexión me vino a la mente hace unas horas, pensando en hacer el post de esta semana y tomando como punto de inflexión escribir acerca de nuestro Miedos Personales.
Es muy posible que ahora, en este preciso momento yo misma esté pasando por uno de los innumerables recovecos de este complejo proceso y ando en búsqueda de respuestas. Porque he aprendido a entender que a medida que diserto o escribo sobre algún tema, más me aclaro acerca del mismo; es decir, constituye para mí una especie de "inside", de catársis, o de terapia interna que me ayuda a "despellejar" el problema hasta encontrar la solución.

¿Qué ser humano no ha sufrido alguna vez una "penita" o "penota" llamada "desilución amorosa"? Cada vez que  conocemos a alguien que nos atrae y sentimos que nos corresponde, nos decimos algo así: "He sufrido mucho al enamorarme, así que esta vez no me lo voy a permitir hasta que no le conozca bien, luego ya veremos..." Pero lamentablemente este pensamiento es directamente proporcional a ser olvidado en la misma medida que nos va gustando a la velocidad de un rayo el(la) dichoso(a) personaje.

¿Qué hay de misterioso en nuestras emocionalidades que no podemos soltarnos a fluir con ese tipo de experiencias, sino que buscamos ponerle frenos? El Control, el dichoso afán de quererlo controlar todo en nuestras vidas. La manía de manipular las fichas del tablero sin más reglas que las de nuestro propio criterio, y también al "terror" a qué nos vuelvan a herir... A SUFRIR.  

La inexcrutable patología humana nos ofrece un arcoriris panorámico, pero hasta el momento puedo creer en esto: Nadie quiere sufrir, nadie busca sufrir, a nadie le agrada el sufrimiento...
Más, pregunto: si nos consideramos tan prepontentemente "videntes" intuyendo que alguien nuevo en nuestras vidas nos va a dañar de alguna manera ¿porqué le permitimos darle entrada a nuestro mundo?.
Y en este punto es a donde he querido llegar. Si le damos entrada "intuyendo" el daño, nunca disfrutaremos su llegada y por el contrario, el sufrimiento será desde un principio hasta el fin que ya "intuímos".
¿Hay algo de salud-able en esa decisión?.
Y si actuamos de la otra manera, nos gusta pero no le permitimos la entrada, entonces sufriremos perennemente pensando que "quizás esa era la persona" con la que hubiéramos disfrutado lo que conocemos comunmente como "felicidad".
¿Hay algo salud-able en esta otra decisión?
Actuar así, aislándonos del mundo, de la gente y de las posibles consecuencias por temor a..., nos hace ariscos, huraños,  amargados y "encaparazados".  Por ende, la "soledad" será la más fiel, eterna y segura compañera. ¿Agrada este panorama? pues... ¡a disfrutarla sin más quejas!

Quien así procede se siente cómodo dentro de su mundo, está apegado a sus "seguridades personales" y siempre va a tratar por todos los medios de que no le falte nada, que nadie le entorpezca su ritmo, sus objetos, su tiempo, sus gustos; es decir donde no experimente "peligros". Pero lo lamentable de todo esto es que esta persona vive insatisfecha, siente rebeldía, experimenta frecuentes ansiedades "no definidas"... en pocas palabras es "Infelíz". Y en ese interín, la verdadera vida que quiere vivir, se le va escapando entre los dedos.

Mis humildes recomendaciones: Detener el tren y hacerse una auto-revisión muy profunda sobre lo que se desea y las respuestas que busca obtener con su actitud ante los demás. "Si tiramos piedras al otro lado de la acera, no podemos pensar que recibiremos flores de regreso. Y si no tiramos nada.. eso mismo recibiremos"

Cinco puntos claves de mi repertorio, en búsqueda de la salud emocional y el equilibrio interior:
1.- Abrirnos a las nuevas posibilidades, como simple herramienta de apertura.
2.- Dejarnos fluir con las emocionalidades, conscientes -eso sí- de nuestra seguridad presente.
3.- Disfrutar de esos pequeños o grandes momentos sin ponerle expectativas a futuro.
4.- Nunca pre-juiciar ni subestimar a nadie, por más grande o pequeño que nos parezca.
5.- Jamás esperar que los demás respondan como nosotros aspiramos, porque no son clones nuestros.

Se me hace indispensable recordar al gran Ghandi con su sabia frase: "Sé tú el cambio que deseas ver en el mundo". Particularmente hace un tiempo realicé una pequeña adaptación personal más larga "Sólo nosotros, podemos elegir hacer los cambios en búsqueda de obtener lo que queremos en nuestra Vida"  

Hasta otra oportunidad...   

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